
graffiti, graffiti
El viernes a la noche, en la calle Rincón de Ciudad Vieja, un tipo con una lata en la mano estaba haciendo lo que venía haciendo hace años por Montevideo: firmar. Alguien lo grabó desde un auto. Le preguntó por qué no se iba a rayar su casa. El tipo contestó que ya la había rayado toda, que no lo grabara, y se tapó la cara. La frase, involuntariamente, es la síntesis perfecta de lo que es un writer: alguien que taggea su casa, después el barrio, después la ciudad entera, y no entiende por qué eso debería ser un problema.
El video se viralizó. Ruzok se convirtió en trending topic montevideano por unos días. La Intendencia presentó denuncia penal. El Partido Nacional también. La Policía lo identificó por cámaras. El jueves siguiente lo detuvieron en Misiones y Cerrito. Tenía 27 años, un antecedente por daño y cuatro denuncias previas. Declaró ante Fiscalía de Flagrancia. Punto. El tipo no es particularmente interesante. Lo que sí es interesante es todo lo que el ruido alrededor de él deja al descubierto.
Empezando por esto: en todo ese trayecto —del video viral a la celda— nadie en los medios paró un segundo a explicar qué era, exactamente, lo que Ruzok hacía. Sin ese contexto, el debate es una pelea entre gente que no sabe de qué habla. Así que lo hacemos nosotros.
El abecedario — qué es cada cosa
El graffiti tiene una taxonomía interna precisa, con estilos que implican distintos niveles de habilidad, tiempo encima de la pared y ambición. Lo que los medios y la Intendencia llaman genéricamente "grafiti" puede ser cualquiera de estas cosas. Y antes de los estilos, están los conceptos de calle que estructuran toda la práctica.
Dentro de la escena, toy es el término para quien practica sin habilidad, sin respeto por las reglas no escritas y sin conciencia de lo que hace. No es un insulto casual: es una clasificación. El toy taggea encima de piezas ajenas sin darse cuenta —o sin importarle. El toy no distingue entre una persiana y un edificio patrimonial. El toy no está construyendo reputación; está haciendo ruido. La escena lo sabe. El toy, generalmente, no. Ruzok podrá ser muchas cosas, pero la pregunta que se hace cualquier writer que conozca su trabajo es esa.
Qué es graffiti y qué no
Antes de seguir: la pintada del "Peñarol campeón" en el murallón de la rambla no es graffiti. La consigna política rayada con tiza en la pared del liceo no es graffiti. La frase de amor adolescente en el banco de la plaza no es graffiti. Son pintadas. Son intervenciones sobre el espacio público. Son muchas cosas. Pero el graffiti —el writing— es una práctica con historia, con vocabulario, con jerarquías internas y con una estética definida. Meterlo todo en la misma bolsa es como llamar "música" al ruido de una alarma de auto porque los dos emiten sonido.
Esto importa porque el debate en Montevideo esta semana no discriminó entre un tag de writer y una pintada de hinchada. Todo fue "grafiti". Todo fue vandalismo. Todo se mezcló en el mismo escándalo y en la misma denuncia penal. Y así es imposible tener una conversación útil sobre nada.
La ciudad sucia, pero no por Ruzok
Hay otra cosa que nadie dijo en la cobertura de esta semana y que es bastante obvia si uno camina el Centro con los ojos abiertos: Montevideo no está deteriorada por el graffiti. Está deteriorada por décadas de edificios sin mantenimiento, fachadas que nunca vieron una mano de pintura desde los años noventa, persianas oxidadas, revoques caídos, humedades que nadie atendió. Eso no lo hizo Ruzok. Lo hizo —o más bien, lo dejó hacer— cada propietario que consideró que el mantenimiento de su inmueble era un gasto opcional.
El tag de un writer sobre una fachada impecable es una cosa. El tag sobre una fachada que lleva veinte años desmoronándose sola es otra discusión, en la que el propietario del inmueble debería tener más protagonismo del que tuvo esta semana. Pero esa conversación es más incómoda y no da para video viral.
La indignación selectiva sobre el estado de las paredes de Montevideo es fácil cuando la causa tiene cara, nombre y video en redes. Más difícil cuando la causa es el abandono sistemático de quien debería mantener lo suyo.
La Intendencia y la frase que lo dice todo
La directora de Cultura de la IM, Débora Quiring, dijo que Montevideo debe "buscar un consenso" entre el arte callejero y la preservación del patrimonio. La frase es correcta y completamente inútil al mismo tiempo, que es el destino natural de las frases institucionales sobre cultura urbana. El consenso no se busca después del escándalo, con denuncia penal mediante y el tipo ya detenido. El consenso, si existe, se construye antes.
La distinción —arte callejero sí, vandalismo no— es la distinción que hace todo el mundo y que nadie puede trazar con precisión. ¿Dónde está la línea? ¿En el permiso? ¿En la calidad estética? ¿En el soporte elegido? Ruzok está detenido. Muchos artistas que hoy exponen en galerías pasaron por exactamente el mismo proceso hace diez o veinte años. La diferencia, frecuentemente, es el tiempo y quién decide llamarlo arte.
Lo que nadie va a decir en televisión
Montevideo tiene una escena de graffiti. No es nueva, no es pequeña y no va a desaparecer porque detuvieron a una persona. El bombing que hizo Ruzok durante años en el Centro fue posible porque nadie lo paró —no porque la ciudad no tuviera cámaras, sino porque el graffiti opera en ese espacio gris donde todos saben que existe y nadie sabe qué hacer con eso.
Ahora hay denuncia penal, detenido, Fiscalía de Flagrancia y ediles del Partido Nacional firmando junto a la Intendencia de signo opuesto. Consenso político sobre Ruzok. El consenso sobre qué hacer con el graffiti en general sigue exactamente donde estaba la semana pasada: en ningún lado.
La firma Ruzok va a seguir apareciendo en las paredes de Montevideo. O no. Pero otra firma va a aparecer en su lugar, porque así funciona esto desde antes de que ninguno de nosotros naciera.
El tipo dijo que ya había rayado su casa. Lo dijo como si fuera una respuesta. En cierto sentido, lo es.
La Justicia formalizó la investigación ese mismo viernes. El cargo: delito continuado de daño agravado, sobre la base de tres denuncias —entre ellas la de la Intendencia, que constató al menos 60 grafitis atribuidos a Ruzok. Como medida cautelar: 90 días de arresto domiciliario nocturno y presentación periódica en seccional policial. También quedó sometido a control aleatorio de la Dinama, que es el tipo de detalle burocrático que solo existe en Uruguay y que merece su propio artículo.
El fiscal Willian Rosa, a cargo del caso, dijo que los grafitis provocan un "deterioro" en las fachadas intervenidas —lo cual es jurídicamente el argumento, aunque urbanísticamente la conversación sea más compleja— y agregó que la investigación sigue abierta por otros hechos aún no determinados con certeza. Traducción: esto no terminó.
Noventa días de domiciliaria nocturna por años de bombing en el Centro y Ciudad Vieja. La ciudad hizo las cuentas. Cada uno saque las suyas.
// AUTOR
MUERTEVIDEO_STAFF
Montevideo / Uruguay
// PROXIMA_CRONICA
¿Y esta bandera para qué?
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