
CRÓNICA · 2 JUN. 2026 · 9 MIN
¿Y esta bandera para qué?
Montevideo cumplió 300 años y la respuesta de la Junta a sus problemas fue proponer una tela. Una tela que todavía no existe, que nadie pidió, y que vamos a pagar entre todos.
Montevideo cumplió 300 años y la respuesta de la Junta a sus problemas fue proponer una tela. Una tela que todavía no existe, que nadie pidió, y que vamos a pagar entre todos.
Hay una clase de noticia uruguaya que se reconoce a la legua: la que suena razonable hasta que la pensás cinco segundos. Esta es de manual. Un grupo de ediles de la Lista 22 del Partido Nacional, con la firma de Joaquín Campos y Nicolás Hernández, presentó una moción para que la Intendencia llame a concurso público y le diseñe a Montevideo su primera bandera departamental. El argumento de fondo, redactado con prosa de placa de bronce, es que la capital es uno de los dos únicos departamentos del país que no tiene una, y que el tricentenario —que se conmemora entre 2024 y 2030— es la "oportunidad única" para corregirlo.
El dato histórico que esgrimen es real y hasta tiene su encanto de pregunta de Trivial: el 24 de diciembre de 1726, Don Pedro Millán anotó en el Libro Padrón los límites jurisdiccionales de la ciudad y repartió solares entre los vecinos. El primer trámite de Montevideo, básicamente. Y lo que proponen es izar la bandera nueva exactamente el 24 de diciembre, al cumplirse los 300 redondos de aquel acto administrativo. Un regalo de Navidad. La ciudad, sin embargo, venía pidiendo otra cosa debajo del arbolito.
De diecinueve departamentos, diecisiete ya tienen su emblema vexilológico —sí, vexilología, la ciencia de las banderas; preparate para escuchar la palabrita en el ómnibus durante las próximas semanas— y Montevideo no. La moción presenta esa ausencia como una carencia, casi una herida. Fuimos a mirar la herida con lupa. No sangraba. Ni siquiera estaba inflamada.
Cómo funciona la lógica
La iniciativa está, hay que decirlo, bien empaquetada. Pide participación abierta a todos los uruguayos residentes en Montevideo, un jurado con especialistas en vexilología, diseño e identidad visual, y bases que respeten los criterios internacionales de diseño de banderas. En la carta dirigida al presidente de la Junta, Gonzalo Sánchez, los proponentes definen el futuro emblema con una sinceridad que conviene subrayar y enmarcar: un "elemento accesorio pero significativo".
Accesorio. Lo dijeron ellos, no nosotros. Y ahí está clavado el problema entero de esta historia: están proponiendo destinar tiempo institucional, jurado, premios y un acto de izamiento a algo que su propio texto califica de accesorio, en una ciudad que tiene una lista larguísima de cosas que son exactamente lo contrario de accesorias. Pero vamos por partes, porque hay cinco preguntas que en la Junta nadie se hizo en voz alta.
Pregunta uno: ¿es necesario?
Un montevideano puede nacer en el Pereira Rossell, criarse en Sayago, laburar en el Centro y jubilarse sin haber necesitado jamás una bandera departamental. Ni una sola vez. No existe el momento en la vida de una persona en el que diga "ojalá tuviera acá un paño rectangular que represente mi pertenencia identitaria al departamento". Esa necesidad no es orgánica: es una necesidad que se fabrica primero y se sale a satisfacer después, como abrir un local de paraguas y rezar para que llueva.
Pregunta dos: ¿no tenemos suficientes banderas?
Tenemos la celeste con el sol, que la dibuja de memoria cualquier gurí de escuela. Tenemos la de Artigas. Tenemos la de los Treinta y Tres Orientales. Tres pabellones oficiales para un país de tres millones y medio. La identidad montevideana, mientras tanto, ya está resuelta sin ninguna tela de por medio: se manifiesta cada domingo en que pierde Peñarol o gana Nacional, en la rambla a las siete de la tarde, en la garra del 6 a 5 contra Brasil. Eso no se decreta por concurso. Eso ya está.
Una bandera diseñada por concurso en 2026 no tiene historia. Tiene acta de nacimiento. Es un logo con aspiraciones de épica.
Pregunta tres: ¿y qué historia tendría?
Esta es la mejor. Las banderas que importan no se diseñaron: se ensuciaron. Se cargaron en batallas, se ataron a mástiles en medio de tormentas, las quemó el enemigo y las volvió a coser alguna abuela. Tienen sangre, barro y mito. Una bandera ganadora de un concurso municipal tiene, en el mejor de los casos, un PDF de cuatro carillas explicando por qué el color elegido "evoca el atardecer sobre la rambla". Eso no es historia. Es branding con presupuesto público y acta notarial.
Y acá conviene recordar un detalle que la moción prefiere no subrayar: esto ya se intentó y salió mal. En 2022 la Intendencia llamó a concurso para el logo de los 300 años. Recibió 104 propuestas de la ciudadanía. Un jurado serio —una historiadora, una diseñadora docente de Arquitectura, el director de Planificación— las estudió en varias sesiones y declaró el concurso desierto. Ninguna servía. Si no logramos parir consensuadamente un logito para una efeméride, la fe en que vamos a alumbrar un símbolo "para los siglos venideros" es conmovedora. La memoria, en cambio, es cortita.
Pregunta cuatro: ¿y quién la diseña?
Spoiler. Si es concurso abierto, gana una de tres: un estudio de diseño con buen oficio y mejor lobby; un tipo desde la computadora de la casa en Maroñas; o —seamos honestos, estamos en 2026— alguien que la generó con inteligencia artificial en cuarenta segundos, le puso un sol estilizado encima y la mandó. Después un jurado va a redactar trescientas palabras sobre el "profundo simbolismo" de algo que salió de un prompt. Patrimonio cultural por suscripción mensual.
Pregunta cinco: ¿y cuánto nos va a salir?
La pregunta que la moción esquiva con elegancia de bailarín. Un concurso "técnicamente solvente" no es gratis: hay premios para los ganadores, hay honorarios o viáticos de jurado, hay producción física del paño, hay acto protocolar de izamiento, y hay horas de funcionarios —que pagamos todos— dedicadas a coordinar todo eso. ¿Cuánto, en pesos? No dice. Nunca dice. El costo de las banderitas siempre es "simbólico" hasta que aparece, con nombre y apellido, en la próxima rendición de cuentas.
El detalle gracioso: la propia regla los contradice
Los ediles piden que las bases respeten los "principios vexilológicos contemporáneos". Bien. Vamos a tomarlos en serio, porque esos principios existen y son bastante claros. La Asociación Norteamericana de Vexilología —la autoridad que todo el mundo cita en esto— fijó cinco reglas para que una bandera funcione:
- 01Simplicidad. Tan simple que un niño la pueda dibujar de memoria.
- 02Simbolismo. Cada color y forma tiene que significar algo concreto.
- 03Máximo tres colores, que contrasten y sean básicos.
- 04Sin letras ni sellos. Nunca reproducir escudos, escrituras o logos institucionales.
- 05Distintiva. Que no sea copia de otra, salvo por vínculo histórico real.
Acá viene lo divertido. Esos mismos principios son los que llevaron a estados enteros de EE.UU. —Utah, Minnesota, Mississippi— a tirar a la basura sus banderas viejas, esas recargadas de escudos ilegibles, y reemplazarlas por diseños limpios de dos o tres colores y un símbolo. La tendencia mundial de la vexilología seria, en 2026, no es agregar banderas barrocas: es simplificar las que existen hasta que un chico de seis años las pueda repetir con tres crayones. Una capital que ya resuelve su identidad sin bandera tiene poco que ganar fabricándose una. Y si igual va a hacerlo, que al menos no termine en un paño con un sol, una gaviota, la silueta del Palacio Salvo, una ola y el lema en latín, todo apretado, ilegible a veinte metros, que es exactamente lo que un concurso abierto tiende a producir cuando el jurado quiere quedar bien con todos.
Lo que pasaría si esa energía se gastara en otra cosa
Y este es el punto, sin vueltas. Si la Junta Departamental tiene la energía cívica, las ganas de debatir y el músculo presupuestal para montar un concurso de banderas con jurado, premios y experto en vexilología incluido, entonces tiene esa misma energía disponible para discutir y votar algo que le cambie el día a alguien. Saneamiento donde todavía no llega. Transporte que no sea una ruleta rusa de frecuencias. Veredas por las que se pueda caminar sin terminar en la mutualista. Alumbrado en las zonas donde de noche no se ve la mano. Limpieza, contenedores, basura que se recoja. Cualquier cosa que un montevideano use de verdad, todos los días, y no una vez al año en una foto institucional con el paño recién izado.
Una bandera no recoge la basura. Una bandera no llega más temprano al laburo de nadie. Una bandera no cura, no alumbra, no asfalta. Una bandera, en el mejor de los casos, flamea. Y Montevideo lleva 300 años sin una propia y, mirá vos, sigue siendo Montevideo: la misma ciudad terca, gris y querible que era el 23 de diciembre de 1726, un día antes de que a Pedro Millán se le ocurriera anotar nada.
Lo que pase con esta moción depende ahora de la propia Junta, que tiene que resolver si le traslada formalmente el planteo a la Intendencia. Hay tiempo de sobra para que alguien, en algún momento del trámite, levante la mano y pregunte lo obvio: ¿en serio, esto, ahora?
Igual, como en MUERTEVIDEO no nos gusta criticar sin ensuciarnos las manos, dejamos nuestra propia propuesta sobre la mesa. Es honesta, es local, es barata, cumple los cinco principios de la NAVA mejor que cualquier diseño con gaviota, y resume el estado anímico de la ciudad mejor que cualquier atardecer evocado en un PDF. Que decida el jurado.

Ficha técnica
Fondo blanco. Franjas negras horizontales. Una M a la izquierda. Sin sol, sin laureles, sin gaviotas, sin "evocaciones del atardecer sobre la rambla". Dos colores —cumple la regla de máximo tres con uno de sobra—. El negro y el blanco porque acá todo es o muy alto o muy bajo, nunca el medio. La M porque es Montevideo, porque es Muerte, y porque después de 300 años no hace falta explicar tanto. Reconocible de lejos, de cerca y desde un ómnibus en movimiento. Un niño la dibuja de memoria en diez segundos. Costo de diseño: cero pesos. De nada.
Y si la identidad montevideana lleva tres siglos existiendo sin necesidad de un paño oficial, ¿qué dice de nosotros que creamos que se construye pertenencia por decreto y por concurso?
Mándenla a concurso si quieren. Acá ya está, gratis y en regla. Ahora, si me disculpan, voy a usar mi energía cívica en algo más urgente.
// AUTOR
MUERTEVIDEO_STAFF
Montevideo / Uruguay
// PROXIMA_CRONICA
Primero demostrá que no necesitás alquilar
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