
CRÓNICA · 1 JUN. 2026 · 11 MIN
Todo puede ser falso
Cómo la inteligencia artificial está cambiando no solo lo que creemos, sino cómo pensamos. Y quién paga el precio
Cómo la inteligencia artificial está cambiando no solo lo que creemos, sino cómo pensamos. Y quién paga el precio
Había dos gerentes en una empresa. Se mandaban mails usando inteligencia artificial. Hasta ahí nada extraordinario en 2026. El problema fue que uno de los dos se olvidó de borrar la parte donde la IA explica lo que está haciendo, y después también la parte donde te da alternativas de tono —formal, semiformal, cordial— para que elijas cómo enviar el mensaje. Llegó todo. El mail con el prompt adentro, con las opciones de variante debajo, con el texto generado encima. El otro gerente lo leyó. No dijo nada. Quizás tampoco lo notó.
Eso es lo que está pasando. No en los servidores donde se fabrican deepfakes ni en los laboratorios donde se entrenan modelos. En oficinas concretas, en intercambios cotidianos, en la textura ordinaria de cómo nos comunicamos. Dos personas hablando a través de una máquina que ninguna de las dos terminó de entender, produciendo una conversación que técnicamente ocurrió y en la que ninguna de las dos estuvo del todo presente.
El problema no empieza en el odio ni en las estafas ni en la desinformación. Empieza antes. Empieza en algo mucho más silencioso: en cómo estamos cambiando la forma de pensar sin darnos cuenta de que está pasando.
Antes de buscar algo, buscabas en varios lados. Abrías tres o cuatro páginas, leías, comparabas, llegabas a una conclusión por fricción. Ahora le preguntás a un chatbot y recibís una respuesta sintetizada, confiada, sin fuentes visibles, sin fricción. Le creés porque suena bien y porque tenés cosas que hacer. Un estudio de 2025 encontró que el sesenta y cinco por ciento de los adultos jóvenes entre dieciocho y veintiocho años ya usa chatbots de IA como reemplazo de búsquedas en Google. Y cuando Google usa sus propios resúmenes de IA en lugar de links, los usuarios tienen la mitad de probabilidades de hacer clic en cualquier resultado. La cadena que iba de la pregunta a la fuente a la verificación se cortó en el medio. Quedó la pregunta y la respuesta. Nada en el medio.
"Los usuarios frecuentes de IA obtienen puntuaciones significativamente más bajas en evaluaciones de razonamiento crítico. El uso intensivo se asocia con menor capacidad de análisis independiente."
Gerlich, 2025 — AI Tools in Society: Impacts on Cognitive OffloadingEsto tiene nombre. Se llama descarga cognitiva: el proceso por el cual delegás una tarea mental a una herramienta externa y, con el tiempo, dejás de ser capaz de hacerla sin ella. El GPS hizo que muchas personas perdieran la capacidad de orientarse. La calculadora automática que muchas perdieran la aritmética mental. El autocorrector, que perdieran la ortografía. La IA está haciendo lo mismo con el razonamiento. No porque te lo robe. Porque vos se lo entregás, voluntariamente, cada vez que preferís la respuesta rápida al proceso lento.
Un estudio presentado en la conferencia CHI 2026 en Barcelona lo midió con precisión: las personas que consultaban a un chatbot desde el comienzo de una tarea rendían peor en pensamiento crítico que las que esperaban a haber trabajado el problema por su cuenta primero. La IA no es mala por existir. El problema es cuándo la usás y para qué la usás, y si tenés conciencia de lo que ese uso te va costando mientras lo hacés.
Pero hay algo más grave que perder la habilidad de razonar. Es perder la habilidad de evaluar qué es verdad.
Los psicólogos cognitivos llevan décadas documentando un fenómeno que se llama efecto de verdad ilusoria: cuando escuchás o leés algo varias veces, tu cerebro lo empieza a procesar con más facilidad, y esa facilidad la interpreta erróneamente como una señal de que la información es verdadera. No porque seas poco inteligente. Porque así funciona el procesamiento cognitivo. Estudios de la Universidad de Kingston y de MIT confirmaron que el efecto opera incluso cuando la afirmación entra en conflicto con conocimiento previo, incluso en personas con pensamiento analítico desarrollado y alto nivel educativo. La inteligencia no te protege del efecto de verdad ilusoria. Nada te protege del efecto de verdad ilusoria salvo ser consciente de que existe.
Ahora poné ese mecanismo biológico en el contexto de redes sociales donde el mismo titular falso puede aparecer en tu feed veinte veces en tres días. No porque veinte personas distintas lo hayan verificado y compartido. Porque el algoritmo aprendió que te activa, y lo repite. El cerebro acumula exposiciones, acumula familiaridad, y en algún punto empieza a construir memoria a partir de eso. No recuerda el titular como falso. Lo recuerda como algo que sabe.
"La desinformación sigue influyendo en la memoria, el razonamiento y las creencias incluso después de haber sido corregida. La corrección no borra la huella del titular original."
Continued Influence Effect — Johnson & Seifert, replicado en múltiples estudios 2020–2025Y una vez que está en la memoria, sacarlo es casi imposible. Eso es lo que los investigadores llaman el efecto de influencia continuada: la desinformación sigue afectando lo que creés y cómo razonás incluso después de que te explicaron que era falsa. Podés saber que el titular era mentira y aun así, en situaciones de presión o de cansancio cognitivo, el cerebro vuelve a esa huella. La corrección no borra. Sobrescribe encima de algo que sigue estando.
Esto explica por qué el ciclo titular-viral-desmentido-nuevo titular funciona tan bien como herramienta de manipulación. No necesitás que la gente crea el titular para siempre. Solo necesitás que lo vea suficientes veces para que quede como residuo. El desmentido llega tarde, a menos personas, con menos fuerza emocional, y tiene que competir contra una huella que el sistema nervioso ya procesó como familiar. La batalla cognitiva está perdida antes de empezar.
Ahora escalá eso con producción industrial de IA. Una granja de cuentas automatizadas que en ocho minutos genera y distribuye diez mil variaciones del mismo titular falso en diecisiete idiomas. Cada variación suficientemente distinta para evadir los filtros automáticos. Cada una ajustada al tono de la plataforma, al vocabulario del nicho al que apunta, al momento del día en que más gente está en línea. No es un ataque tosco. Es una operación de siembra masiva de residuos cognitivos, diseñada para explotar un mecanismo que está en el hardware de todos.
Pero no todos los hardwares son iguales en esta ecuación.
Los estudios sobre descarga cognitiva encontraron algo que la mayoría de los análisis no menciona: el daño no es el mismo para todos. Un estudio de Gerlich encontró que los participantes mayores de cuarenta y seis años mostraban menor dependencia a la IA y mayores puntuaciones en pensamiento crítico. Los de diecisiete a veinticinco mostraban exactamente lo inverso. La explicación más probable no es generacional. Es biológica. Los mayores delegaron a la IA habilidades que ya habían construido. Los más jóvenes delegaron habilidades que todavía estaban construyendo. Las rutas neuronales para evaluar fuentes, contrastar información y construir argumentos se forman durante la adolescencia y los primeros años de adultez. Si durante ese período crítico la evaluación la hace la máquina, esas rutas pueden no formarse del todo. No es que los jóvenes sean perezosos. Es que nadie puede atrofiar un músculo que nunca desarrolló.
Y si eso aplica a los jóvenes en general, aplicá lo mismo a cualquier persona en situación de vulnerabilidad cognitiva: adultos mayores cuyas redes de verificación social son más chicas, personas con bajo acceso a educación formal, usuarios de plataformas donde el ecosistema de información es cerrado y no hay fricción con otras fuentes. Ninguno de ellos es estúpido. Todos están expuestos a un sistema diseñado para explotar mecanismos que son universalmente humanos y que funcionan peor cuando no tenés herramientas para notarlos.
"Los adultos pierden capacidades que tenían. Los chicos pueden no construirlas nunca. Son dos problemas distintos que estamos midiendo con la misma vara."
Psychology Today, marzo 2026El setenta y nueve por ciento de los jóvenes adultos encuestados en un estudio de Harvard Business Review de enero 2026 expresó preocupación de que la IA hace a la gente más perezosa. El sesenta y dos por ciento, que la hace menos inteligente. Y sin embargo, el mismo grupo la usa masivamente, incluso en contextos donde les dijeron explícitamente que no lo hicieran. No es hipocresía. Es la distancia exacta entre saber que algo tiene un costo y decidir pagarlo igual porque la alternativa requiere más esfuerzo ahora.
Eso también lo saben los que diseñan las herramientas. La interfaz conversacional de los chatbots no es un accidente estético. Un estudio de EDUCAUSE de diciembre 2025 documentó que los usuarios tienden a tratar las interacciones con LLMs como conversaciones con amigos de confianza, no como consultas a una base de datos. El diseño humanizado —el tono amigable, las sugerencias personalizadas, el diálogo que imita la cercanía— activa los mismos patrones de confianza que activás con personas reales. Cuando le creés a un amigo, no verificás. Así está construida la experiencia.
Los dos gerentes del principio no son un caso extremo. Son el caso típico, multiplicado por millones de interacciones diarias en las que alguien usa una herramienta que no entiende del todo, en un contexto que no controla del todo, produciendo efectos que ninguno de los dos va a poder medir nunca.
La IA no es buena ni mala. Eso ya lo saben todos y ya no sirve como frase. Lo que la IA es, es ubicua: está en el mail del trabajo, en la búsqueda del teléfono, en el resumen del contrato que no tenés tiempo de leer, en la traducción del texto que no entendés, en el audio que imita la voz de tu familiar pidiéndote plata urgente, en el titular que vas a ver veinte veces esta semana y que en algún momento tu cerebro va a dejar de cuestionar. La misma infraestructura. Los mismos modelos. Para todo, al mismo tiempo, sin distinción.
La pregunta no es si usarla o no usarla. Esa conversación ya terminó y perdió quien quería que terminara de otra manera. La pregunta es con qué conciencia la usás. Si sabés cuándo le estás delegando algo que deberías hacer vos. Si podés distinguir cuándo la respuesta que recibís es una síntesis útil y cuándo es una huella que te están sembrando. Si tenés todavía la capacidad de ir a verificar por tu cuenta, o si esa capacidad ya la fuiste entregando en cuotas pequeñas y sin darte cuenta.
Los dos gerentes siguen mandándose mails. Probablemente más que antes.
Gerlich (2025), "AI Tools in Society: Impacts on Cognitive Offloading and the Future of Critical Thinking": uso frecuente de IA correlaciona negativamente con pensamiento crítico. CHI 2026, Barcelona: quienes usan IA desde el inicio de una tarea rinden peor en razonamiento crítico que quienes trabajan el problema solos primero. Harvard Business Review, enero 2026: 79% de Gen Z cree que la IA hace a la gente más perezosa; 65% la usa para reemplazar búsquedas. EDUCAUSE Review, diciembre 2025: usuarios tratan chatbots como amigos de confianza, reduciendo la verificación crítica. Psychology Today, marzo 2026: adultos mayores de 46 muestran mayor pensamiento crítico y menor dependencia de IA; el patrón se invierte en menores de 25. Efecto de verdad ilusoria: documentado desde 1977, replicado extensamente; la inteligencia y el pensamiento analítico no protegen contra él. Continued Influence Effect (Johnson & Seifert, 1994; replicado hasta 2025): la desinformación persiste en la memoria y el razonamiento incluso después de la corrección. Virtual Manipulation Brief 2025: 11 millones de publicaciones analizadas, 1.900 campañas de manipulación coordinada documentadas en 10 plataformas.
// AUTOR
MUERTEVIDEO_STAFF
Montevideo / Uruguay
// PROXIMA_CRONICA
¿Y esta bandera para qué?
Leer ahora